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1 de agosto de 2018

Vivir lejos

De tod@s es sabido que cierta ayuda no viene nada mal en momentos puntuales... o no tan puntuales. Y más aún cuando te conviertes en madre. Vuestras respectivas familias, sobretodo madre y suegra, siempre se ofrecen gustosamente a echar una mano los primeros días y, por supuesto, todo el tiempo que “las dejes”!

Al principio esto de la maternidad se me hizo duro, y tuve la inmensa suerte de tenerlas cerca. Se quedaban con la beba mientras me duchaba, hacían compra y comidas (qué importante es esto!) y básicamente se desvivían por facilitarnos la vida. 

Conforme han ido pasando los meses la cosa ha mejorado mucho. Entiendo a mi hija, aunque no habla sé lo que quiere, conozco los 4 tipos diferentes de llanto que tiene, va mostrando su personalidad y duerme (casi!) toda la noche. Pero aquí se acaba lo bueno.

Todo lo demás para mi es imposible en según qué días. Cosas tan rutinarias e importantes como hacer la compra, la comida o limpiar la casa son tareas “de lujo” que quedan relegadas a un segundo (o tercer, o cuarto...) puesto. Cuando tienes una hija de alta demanda, que además está atravesando por la fase de ansiedad por separación, y que se le suman el calor y los dientes, el cócktail es de los buenos.

Me siento frustrada. El querer y no poder es de las peores sensaciones que existen. Me frustro por no ser capaz de hacer lo que hacía antes de ser madre (con respecto a las tareas diarias), me frustro porque mi marido, que llega cansado y a las tantas, recoge y hace la cena. Me frustro porque tenemos que “malgastar” los tan preciados fines de semana en limpiar o hacer la compra en vez de pasar tiempo juntos, en familia. Me frustra el no poder hacer absolutamente NA-DA algunos días, y con nada me refiero a que ha llegado a pasar más tiempo del que me gustaría entre una ducha y otra.

El no tener a nadie para que te eche una mano es agotador. Y yo que quería tener tres seguiditos... Ja! Viviendo tan lejos de mi familia van a pasar años hasta que nos planteemos siquiera ir a por el segundo. Es cuestión de supervivencia. 

Tener a la familia cerca es un tesoro, pero l@s que vivís lejos de ella entenderéis de lo que hablo, verdad? Pues sabéis qué? Estad orgullos@s. Estáis criando una personita. Le enseñáis todo lo habido y por haber. Ah... qué satisfacción da cuando aprenden algo nuevo y... lo ha aprendido de ti! O mejor dicho: GRACIAS A TI. Todo tu ser ha pasado a volcarse casi al 100% en tu bebé, a cuidarlo, mimarlo, educarlo y alimentarlo. Y lo estás (estamos) haciendo solos. Somos grandes. Podemos con esto! O eso quiero pensar. Desde luego, dietas, pa que os quiero!

Menos mal que solo son algunos días... La mayor parte de ellos los disfruto, doy gracias por la suerte que tengo de poder disfrutar de mi enana y verla crecer tanto por dentro como por fuera, por la suerte de tener un marido que a veces me pregunto si lo merezco de lo gran persona que es y suerte por la familia que, aunque lejos, la siento cerca día tras día.