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4 de noviembre de 2017

Comienzos

Es curioso cómo a veces la vida nos da y nos quita a su antojo. No importa lo mucho que te esfuerces si a ella no le da la gana ceder. Ni sirve tampoco oponerte si quiere dártelo. Pero muy de vez en cuando, los planetas se alinean y los planes salen bien. Justo como lo has planeado. Justo como lo habías imaginado. Esta historia que a partir de ahora os iré contando va precisamente de uno de esos momentos. 

El año pasado mi marido y yo empezamos a fraguar un plan. Con antelación, con premeditación y alevosía, para llevarlo a cabo a principios de este año, a sabiendas de que lo más probable era que llevara tiempo. Pero, como decía antes, los astros favorecían nuestro horóscopo (la verdad es que ni idea de esto) y nuestro plan salió a la perfección. Pero empecemos por el principio.

En octubre del año pasado empecé a estudiar, después de casi 10 años. Me encabezoné en poder entrar en la universidad. Pues dicho y hecho. Y poco hice para la nota que saqué en la prueba de acceso (pero qué bien lo celebré con mi "Pacharán" jajaja). La verdad es que la sensación de volver al olor de los cuadernos sin estrenar y a tiza, la ilusión de preparar la "vuelta al cole"... Fue un auténtico reencuentro. Aunque no lo fue tanto cuando empecé las clases y me encontré con que la mayoría de mis compis (como es lógico) tenían 18 (cuando no 17) años, con las diferencias que eso conlleva. 

Pero fui capaz de sacar partido y adaptarme sin problemas, aprovechando que mi marido me apoyaba al 100% y creamos un grupo de prácticas muy chulo, donde nos contábamos todo, compartíamos los trabajos y cada una hacía su parte. Y así se mantuvo hasta que mi chip cambió. 

Como os cuento, tomé las riendas del grupo (por decirlo de alguna manera) ya que la experiencia en el trabajo es un grado y los conocimientos de informática eran bastante mas altos que los de mis compis (no es por echarme flores, de hecho cada una teníamos un punto fuerte). Así que yo me encargaba de juntar todos los trabajos, corregirlos, y adaptarlos lo más "profesionalmente" posible. 

Esto, como imaginaréis, me llevaba bastante tiempo, pero en enero, justo el día en que hice mi primer examen, mis prioridades cambiaron totalmente. Lo primero ya no era el sacar la mejor nota posible, no eran mis compañeras o el proyecto que había comenzado meses atrás. Ni siquiera aprobar era lo primero. De repente el centro de mi mundo fueron dos rayitas rosas en un palo blanco y morado. Vale, ha sonado como si fuera un palo meado del parque, pero no. Después de mi primer examen, como sospeché desde el momento uno, me hice un test de embarazo y evidentemente salió positivo

Ahí es donde comienza esta historia. Nuestra historia. Nuestro nuevo proyecto. Dentro de poco os contaré cuáles fueron las reacciones, cómo se lo dije al papi, cómo se enteró el resto de la familia y cómo ha sido todo hasta llegar a hoy. ¿Tienes ganas de saberlo? En breves en el blog!