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21 de octubre de 2014

De vuelta al caos

Siento haber estado "desaparecida" estas dos últimas semanas, hemos estado haciendo cosillas, con un viaje express a Madrid incluido. Pero... ya estoy aquí!!

Hoy quiero compartir con vosotros un pensamiento que hace tiempo me ronda por la azotea, y ayer, viendo "Viajando con Chester", donde salió Jorge Javier Vázquez, volvió más intensamente.

Siempre he pensado que cada uno es libre de ser como quiera siempre y cuando no lastime a los demás (lastimar en el sentido de ser mala gente, ya que hay errores que son humanos y de los cuales se aprende). Y también uno es libre de manejar o decidir cómo quiere llevar su vida.


Mi inquietud es... ¿está la sociedad de hoy preparada para aceptar que alguien no es hetero? La teoría es que sí, y se acentúa cuanto más joven es la generación. A casi todo el mundo le da igual que alguien sea gay, hetero o lo que le dé la gana, nos fijamos más en la personalidad y en cómo es esa persona para decidir si la queremos en nuestra vida o no.

Pero entonces llega el conflicto. ¿Por qué algunas personas deciden decirlo (cuando hay cierta confianza, claro. No te vas a presentar en plan "hola, me llamo tal y soy gay/hetero/etc") y otras no? ¿Es por el miedo de ser rechazados de alguna manera? Porque si ese miedo existe, ¿por qué decimos que la sociedad está preparada?


Y eso me lleva a la cuestión más importante. Porque una cosa es decidir que en tu trabajo a nadie le interesa, pero... ¿y la familia? ¿Y los padres? ¿Cómo puede vivir alguien siendo otra persona delante de sus padres?

E imagino que en este caso la cuestión es que un@ no sabe si sus padres lo aceptarán o lo repudiarán, si simplemente dirán "ya lo sabía, hij@, estaba esperando a que me lo contaras", o por el contrario sería más bien un "eres la vergüenza de la familia".

Esto es muy fuerte, que estamos hablando de los padres, que no se pueden elegir y que probablemente, aunque te lleves mejor o peor con ellos... son tus padres!! Creo que no podría vivir esa "mentira". Mis padres son mis padres y, aun con el miedo de que no lo aceptaran, tendría que decírselo. Preferiría correr el riesgo que arrepentirme de no haber tenido esa conversación con ellos antes de que se fueran de este mundo.

Es por todo esto que pienso en la inmensa soledad y en ese enorme peso que deben sentir esas personas que no pueden ser ellas mismas con sus más allegados. Siempre están los amigos, claro. Esos que nunca fallamos y que lo mismo nos da 8 que 80 porque preferimos pensar cuándo será la próxima vez que nos veamos en vez de perder el tiempo pensando si te gustan más las churras que los mejillones.

Lo que está claro es que puede salir bien o puede salir mal, pero, como todo en esta vida, hay que arriesgar. Si lo pierdes te dolerá, pero estarás orgullos@ de ser tú mism@ y de no avergonzarte antes de la cuenta, porque, desde mi punto de vista y el de bastantes millones de personas más, ser gay NO es motivo de vergüenza alguna.

Quiero mandar mi apoyo a todas las personas que lean esto y se sientan identificados y decirles que, pase lo que pase, decidan lo que decidan, los amigos de verdad siempre van a estar ahí. Y no subestimemos a los amigos. Son los pilares de nuestra vida, aunque se puedan contar con los dedos de una mano.


Hasta la próxima querid@s!!