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25 de septiembre de 2014

El principito

A simple vista mi vida no es que se convirtiera en un best seller, pero sí me considero afortunada por haber vivido lo que he vivido y sobre todo por haberlo sabido apreciar. He cometido muchos errores a lo largo del tiempo, pero no me arrepiento de casi ninguno, porque gracias a ellos estoy hoy aquí. 

Pero hay un hecho en concreto que marca la diferencia de un antes y un después. No fue un acontecimiento negativo (ya sé que eso le daría mucha "chicha" al artículo, bribones). Fue el día en que me di cuenta que había descubierto lo que muchos otros pasan buscando toda una vida, o simplemente creen que lo tienen pero no es así, o que incluso llegan a morir sin haberlo conocido. 

Qué, suena bien, ¿verdad? ¿Os imagináis qué es? Os daré una pista, lo primero que pensaréis será: "qué cursiletas esta Alba". Pues sí señores míos. Lo que encontré fue a mi príncipe azul. Sé que suena a cuento de hadas y a toda esa mierda, pero yo lo siento así. Descubrir que ha habido una persona, de la cual no tenías ni idea de que existía, que ha vivido prácticamente tu vida, que actúa como tú y piensa como tú... ay omá, eso es muy grande. Y ya ni te cuento cuando encima le conoces y os caéis bien jajaja.

Es bastante importante para la mayoría de la gente el tener a alguien con quien contar, con tener a "tu persona". Esa persona que no sólo está ahí siempre, sino que te obliga a ser mejor, a renovarte y a ir por el buen camino. La que si te callas un secreto da igual porque lo sabe con sólo mirarte. La que te regaña en tus malas acciones y a la vez valora todo lo que hay en ti.

Por eso quería dedicar el comienzo de este blog a mi marido, a mi persona. Porque él es el que motiva todo lo bueno que tengo en mí (te quiero canijo!).

Ala, y ya no os voy a volver a dar la brasa con estos pasteleos, sólo quería que quedase reflejado... y también abrir un cachito de mi corazón. Nos leemos pronto!