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9 de octubre de 2016

El NO más difícil de mi vida

Bueno... Creo que una historia truculenta es la mejor opción para volver a la acción y, sobretodo, volver a engancharos a este humilde blog. Que ya nos conocemos... Que nos gusta un cotilleo más que levantarnos tarde.

Comencemos, pues. El colega del que os hablo llegó a mi vida siendo yo bastante joven, la verdad. Y no es que ahora sea vieja, pero unas poquitas más de canas tengo. Rondaba yo los 14 cuando nos presentaron. Suena a tópico, pero es la verdad: me cayó fatal la primera vez que lo vi. Había conocido parecidos a él, y siempre me habían provocado rechazo. Hasta que, fíjate tú por dónde, éste caló en mí, y a raíz de ese día nos hicimos inseparables.

Era la típica relación tóxica, donde todo el mundo sabe (incluso tú) que no está bien, pero nadie dice nada. Sabía que era malo para mí, que a la larga eso iba a acabar. Sin embargo, seguimos juntos y acompañándonos, tanto en los buenos como en los malos momentos.

Y creo yo, fíjate, que eso es lo que hacía que me costara aún más dar el paso de dejarlo. Porque en los malos momentos siempre me ayudaba a relajarme, a desestresarme, a lograr volver a estar en calma.
Y así han ido pasando los años, hasta que incluso mi cuerpo me ha dicho que esto tiene que parar. También influyen otras cosas y otros pensamientos, por supuesto, que van llegando con la edad. Pero sobretodo ha sido el paso "mental" de querer decir NO.

NO a ahogarme al jugar con mi perro, NO a ahogarme al coger más de dos minutos a mi sobrino, NO a esa tos crónica, NO a sentirme esclava suya, NO a gastar un enoooorme dineral (en 30 días 250€, para que os hagáis a la idea), y no a poner en riesgo mi salud y la de mis (futuros e hipotéticos) hijos.
Supongo que ya sabéis de quién hablo. Del dichoso o, qué carajo, del puto tabaco. De ese enemigo silencioso que parece que no pero te come por dentro. Ha sido difícil, y aun así algún día nos encontramos, pero puedo decir en voz alta que he dicho NO, y quiero llegar a poder olvidarme de él y de todo lo malo que me ha dejado por herencia.

Sayonara, "beibi".