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17 de noviembre de 2014

Querido peludo

Una de mi más fuertes creencias es que no puedes fiarte de aquél que no le gusten los animales. No puede ser buena gente. Y concreto para no crear polémica (juas juas juas). Hay personas a las que les gustan los animales pero se niegan a tener mascota porque no pueden o no quieren hacerse cargo de ella. A eso yo le llamo RESPONSABILIDAD.

Si todos se pararan a pensarlo antes de comprar un cachorrito por Navidad, o un pajarito por el cumple del peque, o cualquier otra mascota que se os ocurra, luego no habría tantos animales abandonados. No me cabe en la cabeza cómo coño alguien tiene corazón para dejar a un animal vendido a su suerte en la calle. 

Hace no mucho, en el parking del Mercadona al que suelo ir a comprar, me encontré un cachorro de pitbull de unos 5 meses vagabundeando por ahí y acercándose a todo el mundo que veía moviendo su colita. Pues a la gente le faltaba pegarle patadas para echarlo de su lado. En fin. Que con las mismas le llamé, vino al instante, y, tras ver que no estaba demasiado sucio, concluí que se habría escapado de alguna finca. Así que lo metí en el coche (a lo que no opuso resistencia alguna) y me lo llevé al veterinario SOS Animal (el mejor que he conocido nunca) para que le leyeran el chip.

Bueno pues... No tenía chip. Allí me regalaron un collar y una correa y me dieron un listado con todos los teléfonos de las perreras de Málaga. ¿Os podéis creer que llamé a más de 5 perreras y en todas me dijeron lo mismo? "Déjalo donde lo encontraste, a ver si el dueño lo busca". ¿Pero qué coño...? Las excusas eran varias: "Es raza es peligrosa y no podemos juntarla con otros perros", "Estamos completos" o simplemente un "desde aquí no podemos hacer nada". Yo flipaba.

Así que con todo el dolor de mi corazón volví al Mercadona. Le até a una farola que quedaba al lado de la puerta, para que todo el mundo lo viera. Él me miraba y movía su rabito. No protestó en ningún momento. Yo ya estaba... pues imagináos. Pensé en entrar al supermercado a comprarle algo de comida y agua, pero se me encendió la bombilla. Me aparté de él unos metros y esperé como 10 minutos. Al cabo de ese tiempo, ya había un corrillo alrededor del perro. Así que me acerqué y conté lo que había pasado. Pues cuál fue mi sorpresa cuando una mujer, de unos 40 y pocos años, dijo: "Pobre criatura, con lo bueno que es. Pues ¿sabéis lo que os digo? Que voy a por mi coche y me lo llevo a mi finca". A mí se me abrió el cielo. Un final feliz de los pocos que hay en estas situaciones.

Aquellos que tengáis o hayáis tenido alguna vez perro, sabéis exactamente lo que se puede llegar a sentir por ellos. La capacidad de perdonar que tienen, su lealtad y su extraña habilidad para sacarte una sonrisa y hacer que les des lo mejor de ti. Si nosotros fuéramos igual... lo que cambiaría el mundo. 

Ayer fue el cumple de nuestro hijo perruno. Le regalamos 3 súper paseos, una pelota de baloncesto y un poquito de pollo para comer. Y ya está. Eso es todo lo que necesitan para ser felices. Y me encanta.