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13 de noviembre de 2014

Oh my... gold?

Ya he hecho la carta a los Reyes Majos. Sí, así soy yo. Me encantan estas fiestas. Me encanta levantarme la mañana de Navidad o de Reyes súper temprano y mirar debajo del árbol. Me encanta atragantarme con las uvas porque alguien se ha dejado alguna pipa. Me encanta ese desayuno calentito después de la juerga y comer las sobras del día anterior con la familia. Me encanta ver sus caras al abrir un regalo. Me encanta ver a mi madre o a mi padre riéndose a carcajada limpia porque alguien ha contado alguna anécdota y ver cómo mi abuela se "pone contentilla" con el vino de la cena. Me encanta tener la suerte de poder seguir viviendo estos momentos y memorizarlos en mi retina para poder recordarlos cuando ya no pueda ser.

Conozco a mucha gente que "odia" estas fechas. Tienen sus motivos, como decir que hay mucha gente que el resto del año son peores que Satanás y que en Navidad parece que no hubieran roto un plato en su vida. O que todo es "falserío", que sólo se ponen buenas caras para luego criticar por detrás cómo va vestida ésa o cómo actúa aquél. 

No lo discuto, pero afortunadamente lo primero en mi familia no pasa y lo segundo, sinceramente, me  resbala. Creo que estas fiestas representan muy resumidamente a una sola persona, y por eso la gente se comporta de forma más empática y tiene más detalles de lo habitual. Ésa es la esencia de la Navidad

Para mí no es ningún cambio brusco, pues aunque no soy religiosa, sí creo en los valores que representa casi cualquier religión: tratar al prójimo como a uno mismo. Eso, en mi opinión, es más importante que ir todos los domingos a la iglesia. Además, según sé, El De Arriba está en todas partes. Estoy segura de que estaría orgulloso de mí, aunque eso no quita que me echara la bronca por alguna que otra cosa (que ya estoy intentando cambiar)  :)

No digo que cada vez que veamos a una persona sin techo le demos 100 pavos, porque tampoco está la cosa para eso. Pero joé, de vez en cuando comprar un kilo de pasta, un bocata de jamón, llevar la ropa que ya no usamos a Cáritas o a alguna organización en vez de echarlo a los contenedores de ropa (que hay un trapicheo ahí que es pa´echarse a llorar), sujetar la puerta al que pasa o ayudar a la anciana del primero a llevar la compra aunque sea muy pesada y no calle ni debajo del agua. Adoptar en vez de comprar un cachorro por un pastizal. Dejar constancia siempre a los nuestros de lo que les queremos y no dar por hecho que lo saben. Ese tipo de cosas son las que cambian el pequeño mundo que nos rodea.

¿Habéis visto la peli "Cadena de favores"? Pues algo así.